Te esforzás por agradar.
Callás lo que te molesta para no incomodar.
Justificás actitudes que te duelen.
Te adaptás con la esperanza de que algún día te amen como vos amás.
Y cuando eso no pasa, te preguntás qué hiciste mal.
Y no, no es que ames mal.
Es que aprendiste a amar olvidándote de vos.
Aguantaste, cambiaste, te adaptaste, esperaste recibir lo mismo.
Pero seguís sintiendo: ansiedad, vacío, miedo a perder.
No estás rota — solo aprendiste a amar olvidándote de vos.
Hoy podés empezar a priorizarte. 🌷